Las villas de playa de lujo, tan características de exclusivos proyectos residenciales como Bahía Beach, en Río Grande, son campo de acción del interiorista francés radicado en la Isla, Didier Lorence. Para muestra, una de ellas.

Líneas simples, tonalidades claras y una más que exquisita mezcla de piezas antiguas y contemporáneas son como su watermark. No es para menos, dado al curriculum vitae de este oriundo de Saint-Tropez. Didier, un viajero del mundo, es parte de una segunda generación de antique dealers en Francia y tiene un profundo conocimiento de historia, arte, arquitectura y por supuesto, las antigüedades.

Por eso en sus proyectos siempre toma en cuenta el tipo de construcción y sus atributos. Y a diferencia de otros diseñadores, él no integra en sus proyectos grandes cambios a la arquitectura.

“Transformo la residencia sin cambiar su esencia. Me adapto a la estructura de la casa, que es diferente dependiendo del lugar. No es lo mismo una propiedad en New York que una aquí en el Caribe. También busco que el cliente esté en mi misma línea, por lo que el diálogo es primordial”, explica quien fuera residente de La Gran Manzana por 20 años.

Una gigantesca villa de playa que decoró recientemente impresiona desde que pasas la puerta de la entrada, que lleva al visitante a admirar el mobiliario de los 1800 y de la década de los 40. Muy pronto la mirada se vuelca a la estampa del recibidor: una enorme concha que sirve de matero, flanqueada por dos elegantes butacas francesas bajo la luz de un chandelier de hierro.

“Me gusta mezclar lo moderno con lo vintage. Ambos estilos no chocan, más bien armonizan. Utilizo elementos naturales como los caracoles, muebles de las tiendas de Puerto Rico y lugares de antigüedades en New York”, revela.

La sencillez y lo peculiar se aprecia mientras se recorre la estructura con techos altos y pisos de mármol. La madera de diversos colores, texturas y terminaciones está presente en la residencia desde la recepción con un imponente espejo, una mesa que muestra su tono natural y una pieza escultórica realizada con cientos de palitos de madera clara.

“Me inspiré en la atmósfera de Bahía Beach, Palm Beach en Florida y los Hamptons en New York. Me gusta lo antigüo y las piezas industriales, pero el concepto es simple porque es más chic”, alega el diseñador, que ha trabajado relevantes proyectos en Estados Unidos, Francia y Londres.

La vista en el comedor se concentra en tres lámparas colgantes de hierro y una amplia mesa de madera oscura para 10 comensales, donde resalta una figura redondeada en el centro del mismo material. El look de este espacio se asemeja al desayunador que ubicó en la cocina, donde también hay una hermosa lámpara colgante ovalada y una pequeña mesa en madera desgastada.

La habitación principal, desde la que se aprecian las palmeras y un lago del paisaje exterior, es elegante y cuenta con lujosos detalles como lámparas en cristal, bench y una butaca para el descanso. Las tonalidades beige son sutiles para lograr una ambientación relajante, al igual que las demás habitaciones.

Los great outdoors de Bahía
Una espectacular terraza da cara al campo de golf. Tiene una piscina infinity que es el eje central del espacio al aire libre. Como pasa en los interiores, aquí se destacan el color blanco y la madera.

“Hay una transición de adentro hacia afuera. Todo fluye, no se siente un cambio drástico”, asegura sobre lo que logró en el amplio espacio con hermosos jardines.

Piezas como las butacas, sombrillas, mecedoras y hamacas sirven como elementos decorativos que para nada afectan la espectacular vista a la naturaleza. El agradable espacio con piso de piedra se torna en un ambiente distinto y cálido en las noches, cuando se encienden los fire features que desprenden flamas.

Didier prefiere las esculturas, piezas y accesorios en los que se utilice cualquier material y que pueda convertirse en una obra original que aporte a su décor.

“Toda casa debe tener algo… loco. Provengo de una familia de artistas, por lo que el arte para mí es importante”, confiesa, mientras hace referencia a las particulares cajas antiguas de concreto que ubicó en las paredes de uno de los pasillos y que hay que decir, lucen espectaculares.

Por Brenda A. Vázquez Colón
Fotos Gil Stose