Tiene una piscina de 45 metros de largo que parece un espejo frente al océano y una pinta Contemporánea-tropical exquisita. La Casa Kimball es un pedazo de paraíso a menos de 300 millas náuticas de Puerto Rico.

Está discretamente localizada en la costa nordeste de República Dominicana, en el municipio de Cabrera. Un alto ejecutivo neoyorquino de Google, que soñaba con darse escapaditas caribeñas, comisionó en el 2006 a la firma de arquitectura Rangr Studio para diseñar esta lujosa villa.

El arquitecto Jasmit Rangr se encargó de sobrepasar las expectativas de su cliente con un diseño que ha reseñado desde The New York Times hasta Achitectural Digest de Rusia. Esta comisión le permitió diseñar para un clima muy parecido al de las casas en que se crió en su natal India.

“El diseño procuró crear una casa contemporánea, pero dentro del concepto básico de la construcción y con los materiales disponibles localmente”, explica en entrevista exclusiva el urbanista, ganador de un International Property Award por este proyecto.

La construcción tomó tres años y más de 20 visitas a República Dominicana. Y con lo que tenía a mano logró un resultado de gran impacto. Casa Kimball tiene 2,050 metros cuadrados de construcción que incluyen: ocho habitaciones con sus baños, dos cocinas, sala, comedor y otros dos cuartos. Los materiales usados incluyen, entre otros, concreto armado revestido con piedra
coralina dominicana, y madera en techos y ventanas, fabricados por artesanos locales.

“Los edificios están diseñados para que no se vean los lotes vecinos, lo que eleva la experiencia de un vasto horizonte. Los espacios interiores se funden con el exterior, y permiten la entrada de refrescantes brisas del mar, eliminando la necesidad de aire acondicionado”, comenta Rangr, quien trabajó en el diseño del Mori Arts Center, un nuevo museo de arte de clase mundial en el corazón de Tokio.

La piscina merece una descripción detallada. Es tipo infinity edge y tiene nada menos que 45 metros de largo. Su ubicación elevada crea como una frontera transparente de cara al océano. Las terrazas esconden el borde del acantilado, y permiten escuchar en primera fila las olas del mar rompiendo.

Ante tanta belleza natural, nada de interiorismo arriesgado. Mobiliario de líneas simples y materiales duraderos habitan los espacios. La estructura, los materiales y el propósito del diseño se mezclan con la riqueza natural del location, tal y como predicaba el pionero de la arquitectura orgánica, Frank Lloyd Wright.